Introduction – ES

uk
es

A country in restructuring

Since the start of the worldwide financial crisis in 2007, Spain has been undergoing a deep process of social and economic change. The impact on the productive and financial industry of several years of recession in a row and the resulting severe increase in unemployment, have given rise to intense and unsuspected effects on society as a whole and in the lifestyle of most citizens.

Everything is in or under restructuring: companies, territories, administrations and, even, several institutions. Practically everything, except the political establishment, the parties and some institutions and corporate groups that are trying to maintain their vantage position.

However, current times and an intimidated society demand large-scale structural changes. There is a demand for in-depth changes and anything that doesn’t change is put into question.

From an economic point of view, changes from restructuring affect companies and the labour market first. Thousands of undertakings of all sizes have filed for bankruptcy or have been forced out of activity. Small companies have been affected the most. Other companies have had to adapt to credit restrictions and to the severe fall in domestic demand. A process of increasing internationalisation has started in capable and innovative SMEs, looking for new markets and customers outside the EU. However, public and private investment in R&D is still very low, as is the country’s industrial capacity.
The labour market has been “restructured” the most: an increase in almost 4 million unemployed workers since the start of the crisis (26% of active population) proves that layoffs or non-renewal of fixed-term contracts have been (non-strategic) tactics to dampen the fall in activity. Is this what flexicurity was?

The aggressive labour reforms implemented have had no effect in slowing down the increase in unemployment. Such measures, of a classic nature, were demanded by the European partners (headed by the German government) and were aimed to reducing public deficit. In any case, such measures have served to “restructure” and, along the way, to “destructure” a system of collective bargaining that also needed to change.

Intensive and extensive restructuring, from the financial sector (with the disappearance of the savings banks sector) to the construction industry. This is the state of mind and reality of Spain today. Considering that youth unemployment exceeds 50%, perhaps a clearer idea is needed of the direction these multiple reforms have taken. What is missing is a forecast of where this forced restructuring process, these harsh changes, are leading us to; what the final result will be in terms of productive model and capacity, labour market and society.


Un país en reestructuración

Desde el comienzo de la crisis financiera mundial en 2007, en España está teniendo lugar un profundo proceso de cambio social y económico. El impacto de varios años seguidos de recesión en el sector productivo y financiero y el consecuente brutal aumento del desempleo han provocado intensos efectos en la sociedad en su conjunto y en el modo de vida y la actitud de la mayoría de los ciudadanos.

Casi todo está en o bajo reestructuración: las empresas, los territorios, las administraciones e incluso varias instituciones. Casi todo, excepto la clase política, los partidos y algunas instituciones y grupos corporativos que intentan mantener su posición aventajada. Pero el tiempo que vivimos y una sociedad atemorizada reclaman grandes modificaciones estructurales. Se exigen cambios de fondo y lo que no cambia, se pone en cuestión.

En el aspecto económico, los cambios reestructuradores afectan a las empresas y al mercado de trabajo en primer lugar. Miles de empresas, de todos los tamaños, han quebrado o se han visto obligadas a cesar en su actividad. Las pequeñas han sido las más afectadas. Otras se han debido adaptar a las restricciones de crédito y a la brutal caída de la demanda interior. Un proceso de creciente internacionalización de PYMES con capacidad e innovación ha comenzado, a la búsqueda de nuevos mercados y clientes fuera de la UE. Aun así, la inversión pública y privada en I+D sigue siendo muy baja, así como la capacidad industrial del país.

El mercado de trabajo ha sido el más “reestructurado”: casi 4 millones más de desempleados desde el comienzo de la crisis, (el 26% de la población activa), demuestra que el despido o la no renovación de contratos temporales han sido las tácticas (no estrategias) utilizadas para amortiguar la caída de la actividad. La flexiguridad, ¿era esto?.

Las agresivas reformas laborales aplicadas como una cura de caballo no han surtido efecto alguno para frenar el incremento del desempleo, tratándose de medidas de ajuste clásico exigidas por los socios europeos (con el gobierno alemán a la cabeza), dirigidas a reducir el déficit publico. En todo caso, han servido para “reestructurar” y, de paso, desestructurar un sistema de negociación colectiva que necesitaba también cambios.

Reestructuración intensa y extensa, desde el sector financiero (desaparecido el sector de las cajas de ahorro), al de la construcción: este es el estado de ánimo y la realidad de España hoy día. Teniendo en cuenta que el desempleo juvenil supera el 50%, quizás falte una idea más clara del rumbo tomado con estas reformas múltiples; se echa de menos prever hacia dónde conduce esta reestructuración forzada, estos cambios bruscos y cuál será el resultado final, en términos de modelo y capacidad productiva, mercado de trabajo y sociedad.